Real Betis 1 (Juanma) – Real Murcia 1 (Capdevilla)
Tres celebraciones a lo largo del fin de semana –dos bodas y un cumpleaños- hicieron que el sueño y la debilidad se impusieran a la voluntad de asistir al Benito Villamarín. Una voluntad que también se resquebraja por lo que poco que ofrece un equipo que desde hace dos meses nada en la mediocridad y en la impotencia más absoluta.
Evidentemente, esta crónica no una crónica normal puesto que sin ver el encuentro contra el Murcia es imposible describir lo que ha pasado sobre el césped pero por lo leído en las principales webs del periodismo deportivo, la historia de ha repetido una vez más. El equipo hace una parte aceptable y en la otra baja los brazos y se entrega al rival. Tras lo visto a lo largo de la temporada, un equipo que no es capaz de ganarle a rivales como Murcia, Las Palmas o Huesca tiene que dejar de pensar en subir a primera porque sencillamente no se lo merece.
Para salir triunfador de una competición tan exigente e igualada como la segunda división, donde todo el mundo sale con el cuchillo entre los dientes, hay que dejarse la piel, saber sufrir y demostrar la supuesta superioridad presupuestaria. En el Betis no se cumple ninguno de esos preceptos y, en la actualidad, es un conjunto de vividores acomodados que no tienen ningún compromiso con la institución y la causa. A su lado, convive un entrenador que no sabe cómo salir airoso del marrón donde se ha metido y que lleva varias semanas tirando del diccionario de la Real Academia de la Lengua para repeler responsabilidades en este desastre llamado Real Betis.
Un club que vive en la más absoluta desestructuración gracias a la labor de Manuel Ruiz de Lopera y todos los cómplices que pululan en su Junta Directiva. Evidentemente, que quedan puntos para poder conseguir el objetivo de subir pero las sensaciones que transmite el Betis desde hace dos meses invitan a pensar en que va a seguir un año más en segunda división y lo que es más grave con el cáncer deportivo e institucional en la calle Jabugo. Mientras Lopera siga dirigiendo los destinos del club, el Betis será una institución sin alma, sin aspiraciones y presa de sus caprichos.
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