Aunque hay casos raros últimamente, el Betis cumplió con la certera teoría que dice eso de entrenador nuevo, victoria segura. El encuentro disputado en tierra califal se podría resumir diciendo que la primera parte fue verdiblanca de Sevilla y la segunda, sobre todo, a raíz de la expulsión de Rivas, fue verdiblanca de Córdoba.
Los primeros treinta minutos del Betis fueron muy buenos en comparación con lo que se había visto hasta ahora, ya que el equipo buscó la portería contraria a base de toque e intentando poner fútbol sobre el césped. Entró el punterazo de Pereira cuando se llevaban diez minutos pero Raúl Navas tuvo mucho trabajo ante las constantes llegadas de los jugadores béticos. El cambio de dinámica con la llegada de Víctor Fernández se constataba rápidamente ya que el equipo tuvo actitud y aptitud en todo lo que hizo en esta primera parte, puesto que se vieron en el campo planteamientos futbolísticos -desdoblamientos, ayudas, toque y toque- como los que narra brillantemente el aragonés en televisión.
En la segunda, la situación cambio radicalmente puesto que los hombres de Lucas Alcaraz salieron a por el partido y el Betis recordó demasiado a ese equipo temeroso y gris de Tapia. El momento clave llegó con la expulsión de Rivas, ya que el Córdoba tuvo tres o cuatro ocasiones claras de marcar pero se encontró con un brillante Goitia. En resumen, buena primera parte y una segunda que recordó mucho al Betis de la primera vuelta, aunque lo más destacado fue capaz de aguantar el resultado y, de paso, destrozar el maleficio de las retransmisiones a las doce de la mañana. Tuvo poco tiempo Víctor Fernández para cambiar cosas pero se ha visto otro Betis. Esperemos que no sea todo flor de un día. El próximo Domingo tiene una gran oportunidad de demostrar que este Betis puede subir por su fútbol.
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