La frase que da título a este artículo la pronunció Roberto López Ufarte en una reciente entrevista con motivo de la última y trascendental jornada de Liga en Segunda División. Nacido en Fez, Marruecos, el veloz extremo zurdo fue campeón de Liga con la Real Sociedad y disputó quince partidos con la Selección española. Llegó al Betis en el año 1988 para cerrar su carrera deportiva con muchísimas más penas que gloria.
Tras este breve repaso a la trayectoria del hoy Director Técnico del Real Unión de Irún, toca analizar el titular de la entrevista y explicar los motivos por los que es errónea dicha frase. ¿Cómo narices vamos a estar tranquilos los Béticos con la ruina que tenemos encima? ¿Cómo vamos a estar tranquilos los Béticos si las perspectivas de futuro de nuestro amado club son oscuras como un túnel sin tren expreso (bien Sabina, bien)? ¿Cómo vamos a estar tranquilos los Béticos si se cierne sobre el Betis la sombra de la Ley Concursal? ¿Cómo vamos a estar tranquilos los Béticos si sigue rigiendo nuestro destino un personaje nefasto, cateto, inculto, caduco, pasado de rosca, desfasado, cobarde y perverso? ¿Cómo vamos a estar tranquilos los Béticos si llegamos, otra vez, al final de una temporada sin los deberes hechos, con el agua hasta el cuello y esperando un milagro? ¿Cómo vamos a estar tranquilos los Béticos si para la próxima Liga de Segunda se reduce el ascenso directo a dos equipos y la tercera plaza saldrá de un play-off que podrá los corazones a mil por hora?
La respuesta a todas las preguntas anteriores es sencilla, lógica y coherente: los Béticos no estaremos tranquilos en nuestra vida. El Betis es un sufrimiento continuo, un levantarse de las múltiples caídas para volver a caernos. Pero a más caídas, más grande es el impulso que cogemos para volver a disfrutar. Lo único que pido es poder sufrir con dignidad. Lo único que pido es poder sentirme orgulloso del club por el que sufro, al que quiero porque no se vivir sin hacerlo y al que veré, más temprano que tarde, en el lugar que se merece, ese lugar que se ha ganado tras 103 años de penurias, descensos, decepciones y unas cuantas alegrías que solaparon todo lo malo. ¿Tranquilo? Ahora mismo es imposible.
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