La semana pasada leí en una revista económica una entrevista muy interesante a Antonio Catalán, presidente y fundador de la cadena de hoteles AC. Pensando siempre en el Real Betis, me pareció muy descriptiva una de las respuestas que ofrecía el empresario barcelonés: “Hay que distinguir entre un hombre de negocios y un empresario. El hombre de negocios es aquel que tiene una empresa para hacer negocio, para hacer dinero simplemente, y el empresario es el que disfruta haciendo lo que hace y construye su empresa día a día pensando en que su trabajo perviva en el futuro”.
Las palabras del empresario Antonio Catalán tienen un gran valor y refuerzan las palabras que un día expresó José Rodríguez de la Borbolla cuando dijo que el presidente del Real Betis y su consejo de administración deben gestionar el club con el único objetivo de hacer felices a los béticos. Lopera hizo felices a los béticos durante algunos años pero a base de fichajes millonarios. Fue un espejismo para ganar cuota de popularidad. Una popularidad que le ha llevado al más absoluto egocentrismo, transformando su imagen pública hasta sacar a relucir su verdadera personalidad: la de un ser oscuro, perverso, ruin y rencoroso que nada más que mirar y vive por y para el dinero.
Además, Rodríguez de la Borbolla y Antonio Catalán se refieren a otro tipo de felicidad. Se refieren a desarrollar una correcta gestión del club, a respetar a los aficionados, a profesionalizar todos los estamentos del club, a ofrecer información y contenidos de calidad desde la radio del club, a fomentar la imagen del club por todo el mundo, a potenciar actos solidarios, etc. Ese es el trabajo de un empresario, de alguien que como bien dicen disfruta con lo que está haciendo cada día, sabiendo que crea empleo y riqueza. En el Betis, en este Betis actual, lo único que existe en un pequeño hombre de negocios, que tiene el club como una fábrica de hacer dinero.
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