Cuesta escribir en estos momentos de pena, condena, dolor y castigo. El Real Betis ha tocado fondo tras la gestión de un tipo que llegó como salvador de un equipo que estaba en la UVI y que, tras una larguísima dictadura, ha conseguido empequeñecer el peso deportivo del club y llevar a la institución a la más absoluta ruina.
Desde estas páginas hace años que llevamos avisando que Ruiz de Lopera es un ser peligroso, nocivo, rencoroso, oscuro y diabólico, que lo único que ha hecho en la vida es engañar a las personas que se han cruzado en su camino para beneficio propio. Un usurero al más puro estilo años 60 que vislumbro en el Betis el mejor negocio de su triste, sombría y atormentada vida. El típico personaje que reza a Cristo en la Iglesia, que se da constantes golpes en el pecho y que se gasta una millonada en un manto para una imagen pero que no tiene reparos en hacer la vida imposible a los demás.
Muchos nos han reprochado a lo largo de estos años por centrar nuestras críticas en Manuel Ruiz de Lopera y olvidar a los jugadores o al consejo de administración pero los componentes de Sentirbetico conocíamos al personaje y sabíamos que con este capitán la nave se iría a pique tarde o temprano. El consejo es un pelele en manos de un personaje del siglo pasado y los jugadores tienen su parte de culpa pero Lopera es el gran cáncer de una institución que sobrevive gracias a una afición de otro planeta pero que debería plantearse muchas cosas.
La situación es dramática porque el club necesita con absoluta urgencia una transformación radical de sus gestores, estructuras y organización. La economía del club está mortalmente dañada y se habla de una deuda cercana a los 90 millones de euros. Hasta que Lopera y todos sus secuaces no abandonen la nave verdiblanca el Betis estará herido de muerte porque es imposible dirigir un club en el siglo XXI como si fuera una droguería de la postguerra.
Sin dar la cara, escondido en su madriguera de la calle Jabugo, asediado por la justicia y odiado por la gran mayoría de la afición, Lopera debería buscar una salida por el bien del club aunque ayer ya filtró, por boca del sicario de las ondas, que no tiene culpa de nada. Como este desequilibrado no va a cambiar, los béticos deberían pensar en seguir preparando acciones de protesta como nuevas manifestaciones, hacerle la vida imposible o la no renovación de los abonos. Decía Nicolás Maquiavelo que “más vale hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse”. Decidan ustedes mismos.
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