Existen este año muchas coincidencias entre el Real Madrid y el Real Betis. La primera es que, como se encargó de decir el máximo accionista del club, el Betis va a ser el Madrid de la segunda división. Es normal puesto que va a ser el equipo a batir en todos los campos y sus partidos se van a completar con llenazos con casi toda seguridad. La segunda coincidencia es el verano que han pasado los dos equipos tratando de aliviar una plantilla sobrevalorada, muy bien pagada y de dudosa calidad. La tercera coincidencia se produce con la trayectoria que está teniendo un futbolista de la cantera en el peso del equipo.
Arzu se ha convertido en el Raúl del Betis. Canterano de Dos Hermanas, indiscutible para todos los entrenadores que han pasado por la palmera, lejos de abandonar la disciplina verdiblanca va a tener un regalo de cuatro años más –con un buen incremento ecónomico- para terminar su carrera deportiva en el club que lo convirtió en futbolista. Demasiado premio para tan poco trabajo y tanto desaire a una afición que lo lleva aguantando demasiado tiempo. No son santos de mi devoción ninguno de los dos pero he de reconocer que el madridista se deja la piel en el campo y trabaja como el primero a la hora de sudar la camiseta que viste. No es el caso de Arzu. Futbolista de gran presencia, lleva años sin presionar a los contrarios, sin recuperar un mínimo de balones por partido, sin proporcionar pases verticales, sin ofrecerse a los compañeros para apoyar el juego del conjunto.
Además, si se compara su aportación al equipo con la de otros compañeros el resultado es de sonrojo. El mejor ejemplo lo tenemos en el caso Edú, demostrando que las decisiones del señor Lopera son inverosímiles y perjudiciales para el Real Betis. Mientras los jugadores que son insignia del equipo y estandarte de la afición salen por la puerta de atrás y casi fustigados por el accionista mayoritario, los problemáticos y sin rendimiento son mimados –como es el caso de Arzu- o ayudados a salir por la puerta principal como es el caso de Xisco. Cada vez más pienso que todas estas decisiones nada más que tienen una razón: el castigo de Don Manué a una afición que le exige y le cansa cada año. Él mismo lo dijo hace tiempo: “Que me estáis exigiendo que me estáis cansando”.
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