Nunca he escondido mi pasión por la cordillera cantábrica. De hecho, por parte materna, en mis venas corre sangre santanderina de lo que me siento especialmente orgulloso. Mi segundo apellido y con el que firmo todos mis escritos luce en el acta fundacional del Athlétic de Bilbao, tierra en la que tengo grandes amigos y de la que disfruto enormemente cada vez que la visito. Por parte paterna, mi sangre tiene el color de los campos de Castilla y de la Soria dura y árida. Toda una rara mezcla que se fraguó en Sevilla por esas casualidades de la vida.
Pero el pasado jueves me enteré que pertenezco a la banda terrorista ETA, gracias a las afirmaciones que ofrece el director de comunicación del Real Betis en su blog particular. Revela este personaje incalificable que todos los que estamos de una u otra manera ligados –mental o materialmente hablando- a la oposición somos comparables a los etarras y que lo único que nos separa de estos delincuentes es que todavía no hemos matado a nadie. No lo sabía pero soy un “ETARRA” sin delitos de sangre.
Parece increíble que este señor siga ejerciendo como director de comunicación del club y siga insultando a los aficionados de esta manera tan mísera y despreciable. Han sido tantos los actos y las declaraciones ofensivas hacia los béticos, que habría que resaltar el correctísimo comportamiento que ha tenido la gran mayoría de la afición verdiblanca puesto que hay que tener los nervios templados cada vez que se refiere uno a tipos tan mezquinos. Ayer arremetió duramente contra toda una institución del Beticismo: Rafael Gordillo. Hace unos días, llegó a decir en la antenas que la culpa es de Lopera por intentar hacer un Betis grande, como si antes del 92 el club no hubiera conseguido nada en sus casi cien años de existencia.
Evidentemente, no hace falta explicar nada puesto que estamos refiriéndonos a un ser humano cuya catadura moral es inexistente y su comportamiento profesional vergonzoso y ruin. No hacen falta más palabras para explicar la humillación que sentimos todos los béticos que no comulgamos con el estilo que está impregnando este club desde hace casi veinte años. El estilo de su amado jefe, que de entre todo lo mucho malo que ha hecho, destaca el haber conseguido originar la única fractura social del club en su centenaria historia.
Este Betis actual no es el Betis histórico, el que conocieron nuestros antepasados y el que hemos conocido muchos de los que estamos en los cuarenta. Estamos ante un Betis oscuro, degradante e indecente que nos es más que el fiel reflejo de los personajes que lo gobiernan. Perdón, de los que figuran y del que manda realmente, que ya conocen sobradamente por ser un desquiciado que abandonó al Betis hace años y que nos está llevando a la más absoluta ruina.
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