Aun sabiendo la dureza del verbo odiar, y que no es una acción de la que sentirse orgulloso, corro el riesgo de mostrar mi repulsa, mi más sincera repugnancia hacia este ser despreciable que rige el destino del Betis.
Querer al Betis es odiar a Lopera. Se ha repetido hasta la saciedad: el destrozo institucional, social y deportivo que sufre el Betis por culpa del que manda es intolerable. Es hora de decir basta ya. Es hora de cambio. Es hora de depurar responsabilidades. Para esto último hace falta vergüenza, dignidad y sentido común. De todo esto carecen los que tienen que cambiar la situación. La que se avecina es para temblar. Sobre le futuro del Betis se ciernen oscuros nubarrones que presagian tormenta de la buena. El recorte presupuestario que sufrirá la entidad la temporada que viene va a lastrar el futuro deportivo del club. La desbandada de jugadores será bestial. Que nadie piense ver con la camiseta verde y blanca a Sergio García, Emaná, Mehmet Aurelio, Nelson y compañía. Cierto es que estos jugadores no han sido capaces de devolvernos a Primera. Pero ¿alguien piensa que son los principales culpables? Aquí fracasa todo el que viene porque este club es una ruina, una calamidad de institución.
Sobre lo ocurrido hoy poco se puede decir. Se ha cumplido la lógica. El Hércules ganó a un rival muy inferior, cosa que el Betis no ha hecho en muchos encuentros. Lo más lamentable del día se hoy se ha producido en la sala de prensa. A eso de las ocho y media de la tarde, el pseudo-portavoz del Betis, el diácono con mal gusto para las corbatas, se ha sentado delante de los medios para decir una serie de imbecilidades, tonterías y mentiras que son un insulto para la afición del Betis. Lo del señor diácono, el llamado José María Blanco, ha hecho el ridículo una vez más, siguiendo la tónica habitual de su cometido. Lleva un año en el club sin hablar apenas tres o cuatro veces, y tiene la desfachatez de hacer el payaso cuando se ha consumado el no ascenso a Primera. Por un momento pensé que anunciaría algo interesante. Esto si que es una quimera: que alguien del Betis diga o haga algo interesante. O sales para presentar la dimisión del Consejo, como ha hecho el Cádiz tras descender a Segunda B, o te vas a misa de ocho a rezar por la salud de tu amado jefe. Lo que pasa es que aquí no tienen bemoles y sensatez para hacer eso. Aquí esperan a que Lopera dicte lo que tienen que hacer. Son pobres diablos esclavos de su dueño, que sigue recluido en su bunker, ajeno a la realidad y destruyendo al Real Betis Balompié. Y si es verdad que vais a realizar el cambio que demanda la afición, ya sabéis donde está la puerta de salida.
Termino. No quiero seguir escribiendo porque mi grado de crispación y de impotencia va in crescendo y no me quiero ir de vacaciones con ardores estomacales. Me voy a ir triste a tierras gallegas. Triste porque el Betis sigue sin ser el Betis que yo conocí. Me voy triste pero concienciado. Se que esto no tiene remedio hasta que no desaparezcan del club todos los indeseables que hoy lo mal gobiernan. Mis últimas palabras son para Jesús Capitán Prada. Gracias Capi por tus lágrimas, por tu llanto desconsolado y por el beso al césped del Benito Villamarín. Gracias de verdad por tu fútbol, tu implicación y tu amor al Betis, al Betis de verdad, al Betis Real.
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